El olivo es un árbol rústico, que admite un clima semiárido y suelos poco fértiles y superficiales, aunque en estas condiciones la productividad es baja.
Cuando se aplican técnicas agronómicas adecuadas mejora la vegetación y la producción. El cultivo del olivo se basa fundamentalmente en los aspectos siguientes: una poda proporcionada con la edad, la variedad y el estado vegetativo; la realización de labores al terreno o el mantenimiento del suelo por métodos sin laboreo; la fertilización al suelo, o por vía foliar, o la combinación de ambas; los controles fitosanitarios; el riego de plantaciones en zonas con déficit de pluviosidad.
La recolección debe realizarse cuando la mayor parte del aceite está formado, lo cual no coincide con el momento de mayor proporción de aceite en el fruto. La desaparición de aceitunas verdes en el árbol es el momento adecuado para el comienzo de la operación. En la mayor parte de las regiones la recogida se hace a mano, en otras con ayuda de varas y sistemas de derribo mecanizado, especialmente vibradores. El barrido de los frutos caídos mediante útiles o máquinas, el uso de aspiradoras, junto con la aplicación de limpiadoras y lavadoras mecánicas para quitar los cuerpos extraños que acompañan a las aceitunas, completan las últimas tendencias en la recogida de las aceitunas.